¿DE QUÉ DEPENDE QUE CONSIGAMOS NUESTRAS METAS?

Son preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Esta semana, en un artículo publicado en el New York Times,  Laszlo Bockvicepresidente de Recursos Humanos de Google, apuntaba que lo que realmente funciona en las entrevistas de trabajo, es hacer preguntas conductuales a los candidatos para evaluar su capacidad resolutiva, basada en las experiencias del pasado. El currículum académico es importante, pero ha pasado a un segundo plano. ¿Son las habilidades relacionales las que determinan nuestro éxito profesional y personal?

También leíamos en El Confidencial un interesante artículo escrito por alguien a quien admiro mucho,  Mario Alonso Puig, en el que ponía de ejemplo al tenista Rafael Nadal como ejemplo de crecimiento interior y compromiso “No es negarme a perder, es negarme a tirar la toalla. Eso es lo que me hace feliz cuando termina todo: saber que yo he hecho todo lo que he podido, y que si he perdido, he perdido”Ejemplo de alguien que aúna una sólida formación técnica con una capacidad mental muy potente.

Pongamos nuestra casa patas arriba y analicemos:

¿Sabemos lo que queremos?

Séneca decía que “no hay viento favorable para quién no sabe dónde va”. A pesar de haberla leído un millar de veces, esta sencilla cita siempre me hace reflexionar y regresar al principio.

Digamos que es lo primero a definir. ¿Cuál es nuestro objetivo?, ¿hacia dónde vamos?.

Tener visión a más a largo plazo, “método Merlín”, como decimos los coaches (traer el futuro al presente): visualizar dónde quiero estar, qué quiero conseguir, cómo quiero vivir personal y profesionalmente, con quién me quiero relacionar…

La visión se trabaja con la emoción. La visión sólo es un reto si realmente nos emociona, si nos motiva, si nos mueve, si imaginarnos estar allí nos produce un auténtico gozo, si algo sentimos en nuestras tripas cuando conectamos con ese futuro ideal, si somos capaces de visualizarlo…es importante hacer el ejercicio de conectarse con nuestras ilusiones, deseos, aspiraciones…

Aunque en el momento presente nos pueda resultar más que inviable colocarnos ahí, ya iremos creando nuestra estrategia paso a paso.

¿Estamos comprometidos con nosotros mismos?

Trabajar la visión con pasión y compromiso personal, nos inspira y motiva a seguir en el camino, incluso en los momentos difíciles, y nos da perseverancia y perspectiva.

Agobiarse con el futuro, frustrarse por no conseguir lo que uno quiere en seguida…es uno de los riesgos que corremos, que a veces nos hace tirar la toalla y dejar nuestra visión convertida en un sueño que pudo haber sido. Cuando esto sucede es posible que pusiéramos el foco sólo en el resultado, pero nos olvidamos del camino.

Disfrutar del camino. Estar en el “aquí y ahora” sin preocuparse por el resultado final.

La visión está relacionada con un compromiso más profundo con uno mismo: una forma de sentir, de querer ser,  de valores, de mejorar, de conducta, de existencia vital…no de conseguir. Si sólo nos enfocamos en “el conseguir”, nos quedaremos a medias y es posible que no lo logremos.

“El conseguir” es el resultado de una forma de actuar y de un compromiso personal.

¿Estamos dispuestos a aprender de nosotros mismos, de los demás y de las circunstancias?

¿Qué necesitamos aprender de nosotros mismos para llegar dónde queremos?. ¿Qué habilidades necesitamos desarrollar?

Objetivo definido, vamos trazando ruta. Aquí comienza nuestro viaje, conscientes de lo que queremos. Comencemos a caminar con lo que tenemos, “aquí y ahora”.

Sólo cuando experimentamos aprendemos. Las ganas de superación nos hacen salir de nuestra caja de confort y nos llevan a descubrir algo nuevo de nosotros. Cuanto más abiertos estamos al aprendizaje, más nos ponemos a prueba y más desarrollamos nuestras habilidades.

Cito una frase de un gran libro de estrategia, “El Arte de la Guerra” Sun Tzu:

“Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”

Todo lo que nos pasa en la vida es una oportunidad de aprendizaje. Es en la adversidad y en los fracasos, cuando más aprendemos, no en los éxitos.

Quizás el secreto de Nadal resida en su especial énfasis en disfrutar de su camino, dando lo mejor de sí mismo en cada prueba…seguramente ni él mismo imaginó que pudiera llegar tan lejos.

Visto desde esta perspectiva, a lo mejor nos damos cuenta que lo que perseguimos está carente de algo…quizás de disfrute por lo que hacemos, de foco, de visión, de un compromiso profundo…

Todo esto me hace reflexionar sobre nuestra estrategia personal y me lleva a la conclusión de que dar lo mejor de nosotros en lo que hacemos, nos ayuda a colocarnos en el camino.

Quizás alguna persona que lea esto, pueda pensar que funcionar de esta manera hace que otros se aprovechen de su propia valía personal…igual la reflexión que tendríamos que hacernos en este caso es de si estamos en el lugar adecuado o con la gente que queremos estar.

Desde mi humilde opinión, creo que darse cuenta de esto es parte del aprendizaje, ya que dejar de ser valioso, al único que le perjudica es a uno mismo. Encontremos nuestro lugar y no tengamos miedo a brillar.

Desarrollar nuestro talento y compromiso, nos lleva a la auténtica “Marca Personal” , tan importante y de la que tanto se habla últimamente.

Para mí no hay mayor satisfacción que poder contribuir al desarrollo de otras personas. Me considero afortunada por trabajar en lo que me apasiona. Esto es lo que hace que en momentos de flaqueza sonría de nuevo y recobre fuerzas para seguir en ruta.

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